La universidad pública en Argentina tiene un valor histórico profundamente ligado a la movilidad social y a la igualdad de oportunidades. A lo largo de décadas, permitió que millones de personas de distintos sectores sociales accedieran a estudios superiores y construyeran un futuro profesional.
Gracias a ese modelo educativo, pudieron compartir las mismas aulas el hijo de una mucama, de un albañil, de una familia trabajadora, de clase media o de un empresario. Ese es uno de los mayores méritos históricos de la educación pública: abrir oportunidades para todos, sin importar el nivel económico de cada familia.
Durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, en 1966, las universidades fueron intervenidas y reprimidas. La Noche de los Bastones Largos quedó como símbolo de un período autoritario que restringió la autonomía universitaria y reprimió a estudiantes y docentes.
Milei y las comparaciones históricas

En la actualidad, distintos sectores comparan algunas políticas del presidente Javier Milei con aquella etapa, especialmente por los recortes presupuestarios, los cuestionamientos hacia la universidad pública y los conflictos con estudiantes y docentes.
Otros sectores, en cambio, sostienen que las situaciones son diferentes debido a que actualmente rige un sistema democrático con libertad política e institucionalidad vigente.
La defensa de la universidad pública continúa siendo una bandera histórica en Argentina: la idea de que cualquier persona, sin importar su origen social, pueda convertirse en médica, ingeniero, docente o científica gracias al acceso a una educación pública y accesible para todos.





