La decadencia del gobierno libertario ya no parece posible de disimular. Los números de la opinión pública empiezan a perforar el relato oficial: el 59% desaprueba la gestión de Javier Milei y el 60% considera que el país marcha en la dirección equivocada. Los datos surgen de una encuesta nacional de Equipo Mide, realizada entre el 18 y el 25 de septiembre sobre 2.114 casos.
Hay más: el 52% considera que Milei no merece un segundo mandato, mientras que apenas el 33% sostiene lo contrario. Además, el 56% afirma que el Presidente no sabe cómo resolver los problemas del país y el 58% asegura estar peor desde la llegada del libertarismo al poder.
Frente a este escenario, el Gobierno necesita permanentemente nuevos enemigos, nuevas denuncias y nuevos titulares. Se lanzan acusaciones sobre supuestos terroristas expulsados, conspiraciones y amenazas, pero cuando esas afirmaciones no aparecen acompañadas de pruebas públicas suficientes, la pregunta resulta inevitable: ¿se informa a los argentinos o se intenta cambiar el eje de la conversación?
Porque mientras Milei habla de enemigos o agita denuncias, la vida cotidiana sigue golpeando: salarios que no alcanzan, desempleo, incertidumbre y una sociedad en la que, según la misma encuesta, el 54% afirma estar atravesando una crisis profunda.
El problema del Gobierno no es solamente comunicacional. También es político. El relato libertario comienza a chocar con la realidad cotidiana. Y cuando la realidad contradice al relato, ningún grito presidencial, ninguna provocación ni ninguna denuncia espectacular pueden ocultarlo para siempre.
La Argentina necesita respuestas, no distracciones. Necesita trabajo, salarios dignos, producción y un Estado que gobierne para todos.
La realidad, finalmente, siempre termina golpeando la puerta






