Cada 9 de mayo, Rusia conmemora el Día de la Victoria, una fecha que marca el triunfo de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en 1945, al cierre de la Segunda Guerra Mundial, conocida en Rusia como la Gran Guerra Patriótica. Este 2025, en el 80º aniversario de la victoria, el evento adquiere un significado aún más profundo en un contexto de tensiones globales, con un desfile militar en la Plaza Roja de Moscú que promete ser una muestra de poderío y unidad nacional. A continuación, exploramos los preparativos, los líderes presentes, las declaraciones del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, los antecedentes históricos y el papel crucial del Ejército Rojo, subrayando cómo su victoria fue mucho más determinante de lo que Hollywood ha retratado.
Preparativos para el Día de la Victoria 2025
Los preparativos para el desfile de este año en Moscú comenzaron semanas atrás, con ensayos generales que incluyeron a más de 9.000 soldados y una variedad de vehículos militares, desde tanques históricos como el T-34 hasta modernos misiles balísticos intercontinentales Yars. La Plaza Roja, epicentro de la celebración, estará engalanada con símbolos patrióticos como la cinta de San Jorge, de colores negro y naranja, que representa el orgullo por la victoria. A pesar de las estrictas medidas de seguridad, que incluyen la prohibición de drones y restricciones en el uso de internet en la capital, el Kremlin espera un evento masivo que culmine con un espectáculo de fuegos artificiales. Sin embargo, regiones como Crimea y Krasnodar han cancelado sus desfiles por preocupaciones de seguridad, reflejo de las tensiones derivadas del conflicto en Ucrania.
Mandatarios Confirmados en el Desfile
El presidente ruso, Vladímir Putin, presidirá el desfile, acompañado por una veintena de líderes internacionales, en su mayoría de países aliados que buscan un orden mundial multipolar. Entre los confirmados destacan los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Cuba, Miguel Díaz-Canel, así como líderes de antiguas repúblicas soviéticas como Bielorrusia, Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Armenia. De Europa, asistirán el primer ministro eslovaco Robert Fico, el presidente serbio Aleksandar Vucic y el líder separatista serbobosnio Milorad Dodik. La presencia de estos mandatarios subraya el giro diplomático de Rusia hacia aliados no occidentales, en contraste con 2005, cuando Putin compartió la tribuna con líderes como George W. Bush.
Amenazas desde Ucrania
El contexto del desfile está marcado por las tensiones con Ucrania. El presidente Volodímir Zelenski ha intensificado su retórica, comparando a Rusia con la Alemania nazi y proponiendo trasladar las celebraciones ucranianas del Día de la Victoria al 8 de mayo para desvincularse de Moscú. Aunque el Estado Mayor ucraniano desmintió rumores sobre ataques a los desfiles rusos, afirmando que solo combaten en el frente y respetan el derecho humanitario, las autoridades rusas temen actos de sabotaje, especialmente tras recientes ataques con drones en Moscú. Estas tensiones refuerzan la narrativa del Kremlin de que la campaña en Ucrania es una continuación de la lucha contra el “neonazismo”, un paralelismo que Putin usa para legitimar sus acciones.
Antecedentes Históricos: La Gran Guerra Patriótica
El Día de la Victoria conmemora la rendición incondicional de la Alemania nazi, firmada el 8 de mayo de 1945 a las 22:43 (hora central europea) por el mariscal Wilhelm Keitel ante el mariscal soviético Gueorgui Zhúkov en Berlín. Debido a la diferencia horaria, en Moscú ya era 9 de mayo, lo que explica la fecha de celebración en Rusia. La Gran Guerra Patriótica comenzó el 22 de junio de 1941, cuando las tropas nazis invadieron la Unión Soviética, rompiendo el pacto Ribbentrop-Mólotov. Durante casi cuatro años, la URSS enfrentó una guerra devastadora que dejó aproximadamente 27 millones de muertos, entre soldados y civiles, una cifra que supera con creces las pérdidas de cualquier otro país en el conflicto.
La Unión Soviética no celebró oficialmente el Día de la Victoria hasta 1965, cuando se convirtió en un feriado nacional. Desde entonces, los desfiles en la Plaza Roja han sido una tradición, interrumpida solo brevemente tras la disolución de la URSS. Bajo Putin, la fecha se ha transformado en un pilar de la identidad nacional rusa, con énfasis en el sacrificio y el heroísmo del pueblo soviético.
El Papel Decisivo del Ejército Rojo
El Ejército Rojo desempeñó un papel fundamental en la derrota del Tercer Reich, un hecho que a menudo queda eclipsado por las narrativas de Hollywood, que tienden a centrarse en el frente occidental y el desembarco de Normandía. Sin embargo, la Unión Soviética soportó el grueso del esfuerzo bélico contra los nazis. Desde la heroica resistencia en Stalingrado (1942-1943), que marcó un punto de inflexión en la guerra, hasta la ofensiva final que culminó con la toma de Berlín en mayo de 1945, el Ejército Rojo enfrentó a las divisiones más fuertes de la Wehrmacht.
Batallas clave como Kursk (1943), la mayor batalla de tanques de la historia, y la Operación Bagratión (1944), que destruyó el Grupo de Ejércitos Centro alemán, diezmaron las fuerzas nazis. Mientras los Aliados occidentales avanzaban desde Normandía, el Ejército Rojo liberó Europa del Este, poniendo fin al Holocausto y alzando la bandera soviética sobre el Reichstag. Este esfuerzo costó millones de vidas y recursos, pero fue decisivo para la capitulación nazi. La ayuda material de los Aliados, como el programa de Préstamo y Arriendo, fue significativa, pero el peso del combate recayó abrumadoramente sobre la URSS.
Más Allá de Hollywood: Revalorizando el Triunfo Soviético
Las producciones de Hollywood, como Salvar al soldado Ryan o Fury, han moldeado una percepción en la que el esfuerzo estadounidense y británico parece ser el factor decisivo en la derrota nazi. Sin embargo, esta narrativa minimiza el sacrificio soviético y el impacto estratégico del frente oriental. Mientras los Aliados enfrentaban a 60 divisiones alemanas en el frente occidental, el Ejército Rojo combatió a más de 200 divisiones en el este. La Unión Soviética no solo detuvo la maquinaria de guerra nazi, sino que la destruyó en batallas de una escala sin precedentes.
La propaganda rusa, aunque a veces exagera el papel exclusivo de la URSS, tiene razón al destacar que sin el Ejército Rojo, el resultado de la guerra habría sido incierto. Como afirmó Putin en 2015, “es imposible imaginar qué hubiera ocurrido con el mundo si no hubiera salido en su defensa el Ejército Rojo”. Esta perspectiva no busca disminuir el aporte de los Aliados, sino equilibrar una narrativa que ha sido desproporcionadamente occidentalizada.






