En la última sesión, el Gobierno creyó despertar en la tapa de los diarios con una noticia celebratoria: la media sanción del Presupuesto 2026. Pero la escena duró lo que dura una mentira mal ensayada. Sin piloto automático, sin disciplina política y sin la prepotencia necesaria para imponer su voracidad de ajuste, el oficialismo entró rápidamente en la pesadilla.

La votación general —132 votos afirmativos— no alcanzó para sostener el relato. Se cayó el capítulo que buscaba derogar la emergencia en discapacidad y el refuerzo del financiamiento universitario. Allí se desmoronó la fantasía de una mayoría propia. La Cámara de Diputados dejó al desnudo al Gobierno: aliados que se dieron vuelta, abstenciones decisivas y un cálculo político que falló. La derrota fue tan evidente que Javier Milei llegó a amenazar con vetar su propio Presupuesto. Mientras tanto, la complicidad periodística inventaba maniobras para disimular el golpe y esconder los moretones del traspié.

Tampoco logró desenganchar la AUH y otras asignaciones de la actualización automática, uno de los ejes estructurales del ajuste que se viene. El Gobierno intentó convertir una ley de Presupuesto en una ley de disciplinamiento social: universidad, discapacidad, asignaciones, zonas frías, todo mezclado bajo el rótulo de “orden fiscal”. Y chocó. El ajuste, por ahora, sigue siendo un sueño del oficialismo.

El apuro de Milei no es ideológico: es financiero. El “mercado” empieza a desconfiar y el Gobierno paga el error de no haber arrasado cuando ganó, el 26 de octubre. Incluso la contrarreforma laboral impulsada por Patricia Bullrich tuvo que aflojar y postergarse para febrero.

Milei vende omnipotencia, pero en Diputados mostró fragilidad. Un Gobierno que depende de alianzas inestables, gobernadores extorsivos, concesiones ocultas y dólares alquilados. Cuando el ajuste toca a la universidad, la discapacidad y las asignaciones, aparecen las grietas.

Este revés no cayó del cielo: se apoyó en memorias de luchas pasadas, en la resistencia de universidades y del colectivo de personas con discapacidad. Pero con la escasa movilización de la CGT no alcanza para frenar el plan de contrarreforma. Anunciaron un plan de lucha; habrá que verlo. Las debilidades del Gobierno no son un llamado a la euforia, sino un punto de partida. Lo contrario de lo que traman Milei, Caputo y Bullrich. Si no se profundiza la resistencia, no es una victoria: es apenas una prórroga de la agonía.

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