Si esto ocurre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), que posee uno de los mejores estándares del país, la crisis en las provincias seguramente será peor.

Este martes, el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IDECBA) difundió los datos sobre Líneas de pobreza y Canastas de consumo correspondientes a febrero. Según el informe, las canastas utilizadas para medir la pobreza y la indigencia aumentaron alrededor de un 3%, superando la inflación general del mes, que fue del 2,6%.

Esto significa que una familia tipo —compuesta por dos adultos y dos hijos— necesitó al menos 1.440.146 pesos en febrero para no ser considerada pobre, sin incluir el costo del alquiler.

Los números reflejan una realidad cada vez más dura para amplios sectores de la sociedad: los alimentos y los bienes esenciales para vivir aumentan por encima del promedio, afectando especialmente a los hogares más vulnerables.

Para no caer en la indigencia, una familia necesitó al menos 791.579 pesos, lo que representa un incremento del 3,14% respecto del mes anterior. Por su parte, la Canasta Básica Total, que además de alimentos incluye gastos indispensables como transporte, educación y vestimenta, también subió 3,11% en febrero.

La comparación interanual muestra con claridad el deterioro del poder adquisitivo. En febrero de 2025, la línea de pobreza para una familia tipo era de 1.089.146 pesos, mientras que en febrero de 2026 trepó a 1.440.147 pesos, lo que implica un aumento del 32,2%.

En el caso de la indigencia, el ingreso mínimo necesario pasó de 581.583 pesos a 791.579 pesos, un incremento del 36,1%.

Detrás de estas cifras hay miles de familias que cada mes deben hacer mayores esfuerzos para garantizar algo tan básico como la comida en la mesa. Cuando el costo de los alimentos crece más rápido que los ingresos, la situación se vuelve especialmente crítica para los sectores más desprotegidos: trabajadores informales, jubilados con haberes mínimos y hogares con niños.

Los datos oficiales muestran así una realidad social preocupante: alimentarse y sostener una vida digna se vuelve cada vez más difícil para quienes ya viven en los márgenes de la economía.

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