Con el clásico subibaja entre dólar y tasas, que contiene por un tiempo la inflación pero extermina el crédito productivo —ya que solo algunas actividades ilegales logran utilidades tan por encima de la inflación—, se profundiza la crisis. Esto provoca el reemplazo de producción local por bienes importados, el cierre de empresas que no soportan la merma del consumo, el incremento de la desocupación, la precarización del empleo remanente y una reducción profunda del saldo comercial: cayó un 50% interanual en junio y más del 70% en el primer semestre.

Este escenario agrava la falta de dólares genuinos y fuerza al gobierno a inventar nuevas formas de contraer deuda, cada vez a mayor costo. El desconcierto de Milei es tan completo que el viernes terminó rogándoles inversiones a los señorones del Jockey Club.

Esto ya se vio no menos de cuatro veces en las últimas décadas y es una de las explicaciones del retroceso argentino desde el golpe de 1955.

La única novedad es el discurso presidencial, que lleva dos años elogianndo su propia gestión como la mejor de la historia de la humanidad y prometiendo lo que no cumple: eliminar las retenciones a la exportación de soja —lo que lo obligó a reunirse varias veces con la Mesa de Enlace para evitar una silbatina en la apertura de la Exposición Rural—; cerrar el Banco Central, que por el contrario utiliza en forma hiperactiva para contener la carrera contra el dólar y evitar que siga acercándose al techo de la banda cambiaria (esta semana su cotización superó el doble de lo que había pronosticado Milei: $1.300 frente a $600 por dólar); entronizar el dólar como moneda oficial, algo que no avanzó; el decreto que instaba a volcar al consumo sin controles los billetes verdes guardados bajo el colchón, que no tuvo efecto alguno; autorizar la remesa de utilidades corporativas al exterior, no solo las de personas humanas; y liberar las negociaciones salariales entre empresas y trabajadores, que el gobierno definió como una cuestión entre privados. Sin embargo, solo homologa aumentos del 1% mensual, profundizando así el deterioro salarial, aun con la inflación en 1,6% mensual.

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