Una encuesta nacional revela que la imagen del Presidente entra en zona crítica, con fuerte pesimismo económico, temor a la corrupción y un rechazo generalizado a la dirigencia política.
El clima político y social en la Argentina muestra señales de desgaste acelerado. Un relevamiento nacional difundido en enero expone que la gestión del presidente Javier Milei ya es desaprobada por más del 50% de la población, en un contexto atravesado por dificultades económicas persistentes, desconfianza institucional y un rechazo extendido hacia toda la dirigencia.
Según el estudio, la desaprobación del mandatario alcanza el 52,8%, mientras que apenas un 43,3% mantiene una evaluación positiva. El dato marca un quiebre en el respaldo inicial y coloca al Gobierno en una franja de fragilidad política.
Cuando la consulta se amplía a la gestión en general, el panorama se vuelve aún más adverso: casi la mitad de los encuestados califica al gobierno como malo, frente a poco más del 30% que lo considera bueno y un sector intermedio que lo evalúa como regular. La lectura dominante es que las expectativas de cambio chocan con una realidad económica que no logra estabilizarse.
El malestar se profundiza al analizar la percepción económica. En los hogares, uno de cada dos argentinos cree que su situación es mala. A nivel país, el pesimismo crece todavía más y la mayoría describe la economía nacional en términos negativos. Pero el punto más crítico aparece en el mercado laboral: siete de cada diez personas consideran que el empleo atraviesa un mal momento, en plena discusión por reformas estructurales.
Entre las principales preocupaciones sociales sobresale la corrupción, seguida de cerca por el desempleo y la inflación, una combinación que refleja tanto problemas estructurales como el impacto cotidiano del ajuste económico.
El relevamiento también muestra un fenómeno que atraviesa a todo el arco político: ningún dirigente logra más imagen positiva que negativa. Milei conserva el mayor nivel de adhesión relativa, pero aun así su rechazo supera al respaldo. Lo mismo ocurre con figuras oficialistas y opositoras, confirmando un clima de descreimiento generalizado.
En el fondo, el mensaje social es claro: la Argentina no solo evalúa a un presidente, sino a un sistema político que aparece distante de las urgencias reales. La pérdida de apoyo, el pesimismo económico y la desconfianza institucional configuran un escenario donde el Gobierno deberá algo más que discurso para recomponer expectativas.





