El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, expresó fuertes críticas sobre la situación económica y social que atraviesa el interior del país y aseguró que existe “mucha desesperanza” entre la población, pese a los indicadores positivos que exhibe el Gobierno nacional en materia macroeconómica.
Durante una entrevista en el programa de Eduardo Feinmann por A24, el mandatario salteño reveló que mantuvo reuniones con el ministro de Economía, Luis Caputo, y otros funcionarios nacionales para reclamar el cumplimiento de compromisos asumidos con la provincia, especialmente en materia de infraestructura y obras públicas.
“No vine a pedir plata, vine a reclamar que cumplan”, sostuvo Sáenz al referirse a las obras paralizadas desde junio del año pasado. Entre ellas mencionó plantas potabilizadoras, rutas nacionales y proyectos vinculados al desarrollo productivo y turístico de Salta.

Según explicó, en Salta y en las provincias del norte “hay mucha tristeza y desesperanza” por la falta de empleo, la caída del consumo y la demora en la llegada de inversiones. “La microeconomía se está demorando mucho en activarse. Cuando no hay consumo es porque no hay plata en el bolsillo”, señaló.
Sáenz advirtió además sobre el cierre de pequeñas y medianas empresas y describió una realidad social compleja en el interior profundo del país. “En Capital alguien se queda sin trabajo y hace Uber para sobrevivir. En el interior eso no pasa porque no hay mercado ni oportunidades”, sostuvo.
En otro tramo de la entrevista, el mandatario provincial cuestionó las internas dentro del oficialismo nacional y aseguró que esas disputas afectan directamente la gestión y demoran obras y expedientes.
“Uno responde a un sector y otro responde a otro. Entonces te traban los expedientes y terminamos perjudicados”, afirmó, al describir supuestas diferencias internas entre funcionarios nacionales.
También señaló que la sociedad atraviesa un fuerte desgaste emocional y comparó parcialmente el clima actual con la crisis del 2001, aunque con características distintas. “Antes la gente decía ‘que se vayan todos’; ahora pareciera que dicen ‘que se mueran todos’. La gente está cansada y ya no cree en nadie”, expresó.





