Por Félix González Bonorino
Centenares de analistas, economistas, politólogos y etc. vienen (venimos) diagnosticando el fracaso de esta política económica mileista.
Es evidente que podemos coincidir en las miradas y nos podemos palmear las espaldas compartiendo medios, paneles o redes, felicitarnos por el sesgo ingenioso del discurso, o por lo que sea, pero no logramos permear, perforar, la barrera mediática y cultural que se ha generado.
Tenemos un problema de comunicación gigante.
A veces nos decimos que el monopolio multimediático y sus terminales en los poderes financieros y económicos son demasiado grandes y poderosos para nuestras capacidades. Otras nos defendemos diciendo que si no fuera por ellos estaríamos más unidos. PORQUERÍAS.
No podemos adjudicarle nuestras fallas al enemigo. Así, seguiremos igual por siempre.
Existe algo en política que se llama Agenda. Claro que todos sabemos de qué se trata, no subestimo a los lectores de este espacio. La Agenda, en política, es el campo de batalla, porque allí es donde se orquestan las maniobras, se fijan prioridades, se definen los temas sobre los que hablará la sociedad los próximos días, las semanas que vienen o tal vez los años.
Las cosas se construyen al menos DOS veces, una primera en la mente y luego en la realidad. Una buena Agenda hace eso, estructura en las mentes una posibilidad, un deseo, para instrumentar luego las acciones.
Desde hace al menos 10 años que la agenda la manejan los enemigos. Durante algún tiempo tuvimos resortes culturales, históricos, contemporáneos y proyectivos (la cultura no es solo producto del pasado, sino también construcción de un futuro), que nos permitieron conservar el manejo del poder. Resistimos sin saber que estábamos resistiendo. Nos agotamos.
Rápidamente los poderosos se dieron cuenta de que el fortalecimiento de una cultura basada en cierta doctrina podía ser peligrosa para sus intereses. No solo eso, también se dieron cuenta que globalmente la concentración de la economía inclinó la balanza a su favor.
Sin “contra poder”, el poder concentrado tenía el monopolio de todos los relatos. A esto hemos llegado.
La agenda es manejada por los poderes concentrados.
Necesitamos construir una AGENDA que nos represente. Tendremos que trabajarla desde lo más pequeño a lo más importante. O al revés, como ustedes quieran, pero tiene que ser práctica, generativa de acciones, con proyección temporal y geográfica. Inclusiva de las mayorías para convocarlas a conversar sobre sus propias agendas.
Si logramos imponer la AGENDA lograremos discutir el crecimiento de la sociedad en todas sus dimensiones, culturales, sociales, económicas, estructurales, ustedes elijan. Porque de eso se trata una AGENDA, de elegir opciones, alternativas. También trata el tema de coordinar acciones. Aflojar con los egos y abrir puertas a los que vienen creciendo.
Este modelo económico no está destruido, solamente sucede que nosotros, los que nos palmeamos las espaldas, no logramos hacer entender a las mayorías a las que pertenecemos, que en la agenda que están planteando desde Macri o Milei, nosotros no tenemos cabida. Por supuesto que en algún momento el impacto llegará a los trabajadores de los sectores medios urbanos, porque a los sectores populares hace rato que sintieron el golpe, y en ese momento se producirá la reacción, pero, pregunto yo; ¿existe en este momento una alternativa aglutinante? ¿Cuál sería la agenda propuesta a ese sector, volver al pasado? Parece muy evidente que, sin un deseo de futuro distinto, prevalecerá, incluso en el momento de su explosión, el modelo fijado por la agenda actual que tiene como figuras a otros representantes de los mismos poderes.
Este modelo tiene un final esperado por los poderosos. Mortal y distópico.
Construyamos otra AGENDA de los deseable.






