Esa es la pregunta que todo salteño medianamente informado se hace, pero que nadie responde: ¿quién es el verdadero dueño de la finca San Felipe, donde cayó una avioneta narco?

Desde el día del accidente, el caso se convirtió en un verdadero secreto de Estado. Nadie dice nada, nadie asume nada. Y lo más grave: la Justicia y algunos medios parecen haber decidido mirar hacia otro lado.

El propietario de la finca nunca apareció. Ni una palabra. Y, sin embargo, alguien sabe perfectamente de quién se trata. Luis Cornejo Revilla, director general de Inmuebles de Salta y pariente de la esposa del gobernador, tiene en su poder todas las cédulas parcelarias que identifican a cada propietario de la provincia.

Él conoce el nombre del dueño. Pero hasta hoy, esa información permanece bajo llave.

Mientras tanto, los rumores crecen. ¿Está vinculada la finca a la familia de Alfredo Olmedo? Algunos lo mencionan en voz baja. Otros apuntan al intendente de Rosario de la Frontera, Kuldeep Singh, señalado por el diputado Orozco por sus presuntas conexiones con personas con antecedentes por narcotráfico. Su empleado, Fernando Saha Dietrich, ya había sido detenido años atrás por tráfico y posee tierras cerca del lugar del siniestro. También aparece otro nombre: Montenegro, con parcelas linderas.

Nada se aclara. Y cada silencio estatal alimenta la sospecha. Si todo fuera transparente, el dueño ya habría dado la cara. Pero no: el hermetismo es total. En Salta, cuando el poder está implicado, las palabras desaparecen y los expedientes se pierden entre los escritorios.

Cinco personas están detenidas, entre ellas los pilotos bolivianos Juan Pablo Quinteros Peredo y Henry Álvaro Mercado Cuajera, pero el verdadero misterio persiste: quién dio las órdenes, quién financió la operación y, sobre todo, quién es el dueño del campo donde cayó la avioneta.

El fiscal Villalba asegura que la investigación sigue en curso, pero hasta ahora no hay respuestas concretas. Lo que sí hay es una sensación insoportable de impunidad.

Porque en esta historia hay algo más profundo que una avioneta caída: hay poder, complicidades y una Justicia que no debería callar cuando el dinero habla.

Fuente: Opinorte

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