Nacido en Córdoba y criado en Avellaneda, Rubén Juárez saltó a la escena grande en el mítico Caño 14, donde, con apenas 22 años, se convirtió en figura. Apadrinado por Aníbal Troilo y acompañado por grandes músicos, construyó una obra sólida, con clásicos como Qué tango hay que cantar y Mi bandoneón y yo.

Juárez no solo interpretó: creó. Estrenó canciones que rápidamente se volvieron populares, aportando aire nuevo al tango sin perder su raíz. Compartió escenarios y grabaciones con artistas como Charly García y Pedro Aznar, demostrando su amplitud musical.
Reconocido con el Premio Konex de Platino y declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, su legado sigue vigente. A una década de su muerte, su voz áspera y entrañable todavía resuena, recordando que el tango, cuando es auténtico, nunca se apaga.





