El peronismo, no el PJ, supo hacerlo durante décadas: trabajadores registrados, tercerizados, precarizados, estudiantes y organizaciones barriales pueden encontrarse y golpear como una sola trompada.

Las burocracias intentan fragmentar y pasivizar, pero no pueden impedir para siempre que la bronca se transforme en acción colectiva. Subestiman al pueblo argentino.
Lo ocurrido con la bandera “Las Malvinas son argentinas” no nació de la nada. Fue el catalizador de un malestar mucho más profundo: jubilaciones de hambre, pérdida de empleos, ataques a la educación y a la ciencia, precarización y una reforma laboral que pretende convertir derechos en mercancía.
SOBERANÍA NO ES SOLAMENTE UNA FRONTERA: es que el pueblo decida sobre sus recursos, su riqueza y su trabajo. La visita del FMI lo vuelve evidente: pretenden que una deuda que no contrajeron los trabajadores se pague con su sacrificio.
Por eso, hay que volver a discutirlo todo: desconocer la deuda con el FMI, nacionalizar la banca y recuperar el control del comercio exterior.
LA RESPUESTA NO ES RESIGNARSE. Es recuperar los sindicatos y las organizaciones sociales para que los trabajadores vuelvan a hacer política. Porque cuando el pueblo se organiza, hasta los gobiernos retroceden.






