El proceso electoral argentino vuelve a mostrar una constante histórica: cuando el deterioro socioeconómico se profundiza, la tolerancia social frente a la corrupción disminuye y se transforma en castigo electoral, mientras el oficialismo no logra encontrar una salida.

La consultora Equis advierte que la caída en la participación de los trabajadores solo encuentra antecedente en la crisis de 2001 en Argentina.
El dato no es menor. En los años de Carlos Menem, el crecimiento inicial amortiguó el impacto de los escándalos (como el caso de María Julia Alsogaray), pero hoy ocurre lo contrario: la combinación de corrupción y deterioro distributivo potencia el efecto político y favorece a figuras como Javier Milei o Manuel Adorni.
En este marco, el antecedente del balotaje, impulsado por Alejandro Agustín Lanusse en 1972, reaparece bajo nuevas formas. El desdoblamiento bonaerense de 2025 funcionó como un “balotaje ad hoc”, ordenando el voto opositor y mostrando el desgaste político del gobierno de los hermanos Milei.
En contextos de crisis, los errores propios pesan más que cualquier estrategia electoral.





