Después de casi dos años de amenazar, disciplinar y marcar la agenda, Milei empezó a encontrarse con sus propios límites: en el Congreso, en las calles y en las encuestas.
La desaprobación ronda el 62% y la aprobación apenas supera el 35%. Pero, más que las encuestas, habla la vida cotidiana: el alquiler no baja, la luz no baja, el gas no baja, la prepaga no baja y el salario no alcanza.

El INDEC informó una inflación del 2,1% en julio. Sin embargo, ese promedio general no siempre refleja el impacto que tienen sobre los hogares los aumentos de servicios públicos y otros gastos esenciales. Una cifra puede desacelerarse en las estadísticas, pero esa mejora no necesariamente se percibe de la misma manera en el bolsillo. Mientras tanto, desde diciembre de 2023 se perdieron alrededor de 400 mil empleos formales. Fábricas reducen turnos, empresas cierran y la changa se convierte en una necesidad para quienes ya no pueden sostenerse con un solo trabajo.
El 6 de agosto hubo movilizaciones, represión, detenidos y una derrota del Gobierno en el Senado. Milei perdió una batalla, pero no cambió de rumbo: no anunció medidas para recuperar salarios, frenar los despidos ni abandonar la motosierra.
Y mientras la CGT no profundiza el plan de lucha, Milei gana tiempo, negocia con los gobernadores los votos de diputados provinciales y vuelve a buscar a Macri.
El Gobierno encontró un límite. La pregunta es si la oposición y la sociedad serán capaces de convertir ese límite en un freno.
Porque Milei puede retroceder, pero si no cambia la política, la pesadilla social continúa.





