A propósito de los homenajes, Milei vuelve a hacer lo mismo: en el aniversario de San Martín, invoca su figura para decir exactamente lo contrario de lo que representó su lucha.

San Martín no cruzó los Andes para conquistar el “derecho a comerciar”. No liberó medio continente para que unos pocos pudieran hacer negocios sin límites mientras el resto de la sociedad queda librado a su suerte. La libertad que defendió era la libertad de los pueblos frente a una potencia colonial, no la libertad del mercado por encima de la dignidad de las personas.

Y hay algo todavía más preocupante: cuando un presidente empieza a hablar de “enemigos internos”, de que quienes eligen “el mal” deben ser sometidos por la fuerza y de la necesidad de una “eterna vigilancia”, convendría que midiera mucho más sus palabras. En democracia, el ciudadano que protesta, reclama derechos o cuestiona al Gobierno no es un enemigo de la Nación.

También resulta llamativo que Milei hable de prosperidad mientras millones de argentinos siguen haciendo malabares para llegar a fin de mes. Decir que la libertad depende de que el pueblo sea próspero no alcanza: hay que explicar quiénes prosperan, quiénes pagan el costo y quiénes quedan afuera.

Y sobre la famosa “batalla cultural”, hay una pregunta sencilla que el discurso no responde: ¿qué libertad existe para quien no puede pagar el alquiler, para quien pierde el trabajo, para quien no llega a fin de mes o para quien debe elegir entre comer y pagar una factura?

La libertad no consiste solamente en que el poderoso pueda hacer lo que quiera sin que el Estado lo moleste.

Una democracia también necesita igualdad ante la ley, derechos sociales, instituciones fuertes y un Estado que no abandone a quienes se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad.

Y sobre San Martín, un último detalle: no hace falta ponerle una peluca liberal al Libertador para justificar una política económica del siglo XXI. San Martín merece algo bastante más serio que ser utilizado como escenografía ideológica.

Al relato oficial le sobra épica para una realidad que todavía no logra explicar.

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