Pero no alcanza con cualquier trabajo. Alberto A. tiene 64 años y 44 de aportes. Sin embargo, su realidad cambió y terminó buscando trabajo en la calle. No anda “mangueando” ni pide comida: solo pide una oportunidad para volver a empezar, para reconstruir su historia. La que hoy vive, asegura, es consecuencia de las políticas del gobierno nacional encabezado por Javier Milei.

Actualmente trabaja “en lo que venga”. Es viudo y tiene una hija con discapacidad. Aun así, sostiene su dignidad y sobrevive: con la pensión de su hija apenas alcanza para un guiso diario, que él mismo cocina. Pero no resigna su dignidad.
Los datos del INDEC son contundentes: Argentina cerró 2025 con una tasa de desempleo del 7,5%, la más alta desde la pandemia. Pero el problema va más allá: el 43% de los trabajadores está en la informalidad y la subocupación afecta al 11,3% de la población activa. Entre los jóvenes de 16 a 24 años, 7 de cada 10 son informales.
Hoy, tener trabajo no garantiza salir de la pobreza. La discusión sobre inclusión laboral debe incorporar también la calidad del empleo y la generación de ingresos dignos. Sin eso, la inclusión es apenas una expresión vacía.





