En el bloque libertario temen una sesión adversa y advierten que sería “un error” exponer al jefe de Gabinete en el recinto en medio de la crisis.

La tensión crece dentro del oficialismo en la Cámara de Diputados ante el deterioro político del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuya situación judicial y desgaste público empiezan a generar inquietud incluso entre aliados del Gobierno.

En las filas libertarias reconocen que el escenario es cada vez más complejo y no descartan que el funcionario evite presentarse el próximo 29 de abril, fecha en la que debía brindar su informe de gestión. La posibilidad de que el presidente Javier Milei lo acompañe en el recinto también genera preocupación, ya que temen una fuerte embestida de la oposición.

El clima interno es de alerta. Legisladores cercanos al oficialismo advierten que una exposición en estas condiciones podría derivar en un escenario de alta conflictividad parlamentaria, con cruces generalizados y escaso respaldo político incluso de sectores dialoguistas.

El trasfondo de esta preocupación está vinculado a las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito que pesan sobre Adorni, sumadas a nuevas revelaciones sobre su patrimonio. Este contexto debilitó su posición y dio impulso a una oposición que ya comenzó a articular movimientos para avanzar en una eventual interpelación.

En la última sesión, los bloques opositores lograron reunir más de 120 votos en distintos intentos para citar a funcionarios, un número que encendió las alarmas en el oficialismo. Si bien no alcanzaron la mayoría necesaria, dejaron en evidencia que están cerca de conseguir el quórum para forzar una sesión especial.

Desde sectores opositores ya iniciaron conversaciones para acelerar ese escenario antes de fin de mes. La estrategia apunta a capitalizar el desgaste del Gobierno, en un contexto atravesado por dificultades económicas y cuestionamientos a la gestión.

En el oficialismo reconocen que, incluso si Adorni evita asistir al recinto, la presión no disminuirá. Por el contrario, consideran que la oposición podría redoblar la ofensiva mediante pedidos de interpelación o incluso impulsar mecanismos más extremos como una moción de censura.

Con este panorama, la situación del jefe de Gabinete se convirtió en un factor de riesgo político para el Gobierno. La discusión ya no se limita a su continuidad en el cargo, sino que abre interrogantes sobre la capacidad del oficialismo para sostener su agenda en el Congreso frente a un escenario cada vez más adverso.

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