Apenas un día después de que el presidente Trump anunciara el alto el fuego con Irán, comenzaron a manifestarse las fisuras en el frágil acuerdo. Por ahora, nadie puede asegurar qué rumbo tomará la guerra, pero, a más de un mes de su inicio, ya ha dañado gravemente tanto al gobierno de Trump como a la legitimidad de Estados Unidos a nivel internacional, dejando al descubierto las vulnerabilidades de un imperio en decadencia.

Los antecedentes históricos de Estados Unidos indican que, en Corea, logró su objetivo mínimo de contener el comunismo; en Vietnam, en cambio, fracasó en ese mismo objetivo y, además, sufrió una crisis interna y una pérdida de prestigio global.

Trump ahora debe afrontar las consecuencias políticas de haber impulsado una de las guerras más impopulares de la historia de Estados Unidos, a poco más de medio año de las elecciones de mitad de mandato, en las que su partido podría sufrir graves derrotas. Las repercusiones del conflicto también contribuyen al creciente descontento popular.

Sea cual sea el rumbo que tome la guerra, es justo afirmar que Trump ha sido derrotado políticamente en Irán. Esta derrota evidencia el fracaso de su estrategia de «paz mediante la fuerza» y «Estados Unidos primero» como vía para frenar el declive de la hegemonía estadounidense.

La guerra en Irán ha sido una contundente demostración de «fuerza» sin estrategia, lo que ha derivado en una de las humillaciones más significativas del imperialismo estadounidense en la historia reciente. Robert Pape expresó la magnitud de este fracaso en sus propias palabras:

“En los últimos cuarenta días, Washington intensificó gradualmente su presión, ampliando objetivos, aumentando el ritmo y elevando las amenazas. En cada etapa, se esperaba que el incremento de la fuerza produjera obediencia. No fue así. En cambio, cada escalada generó contrapresión: sobre los mercados energéticos, sobre los aliados y, en última instancia, sobre la propia toma de decisiones de Estados Unidos. Este es el patrón del fracaso estratégico. No se trata de un único error, sino de una secuencia en la que una mayor fuerza produce menos control”.

Además, el fracaso de Estados Unidos en derrotar a Irán genera serias dudas sobre su capacidad para desafiar y contener a China, que, por supuesto, posee un ejército muy superior al de Irán. De hecho, China parece haber desempeñado un papel fundamental al impulsar a Irán hacia un alto el fuego que resultó desventajoso para Estados Unidos, y es probable que se beneficie de una mayor influencia en los Estados de la región.

Por ahora, no está claro qué agenda seguirá la burguesía imperialista estadounidense en el escenario mundial tras la era Trump. Sin embargo, con la guerra israelí contra el Líbano aún en curso y nuevas contradicciones surgiendo a diario, la situación sigue siendo muy abierta. El alto el fuego aún debe negociarse y hay mucho en juego, pero, sea cual sea el resultado, es evidente que las consecuencias de la reciente guerra tendrán repercusiones a largo plazo difíciles de prever.

La clase dirigente estadounidense puso a prueba la doctrina de Trump para afrontar los estragos de su propia decadencia, pero el expresidente ha demostrado que su enfoque es insostenible. Lejos de fortalecer al país, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha acelerado su declive al exponer sus vulnerabilidades.

Las acciones de Trump en Irán dejan al descubierto los aspectos más débiles del imperialismo estadounidense.

Irán ganó políticamente esta primera ronda de una guerra que el ejército estadounidense nunca deseó. Esto ha desencadenado una de las peores crisis entre un presidente y las fuerzas armadas en la historia reciente, con altos mandos —preocupados por el uso de armas nucleares— amenazando con desobedecer las órdenes de Trump. La crisis militar, sobre la que analistas y centros de estudio venían advirtiendo desde hacía años, se volvió evidente para aliados, socios y adversarios de Estados Unidos.

Irán controla efectivamente la distribución del 40 % del petróleo en una economía global profundamente interconectada e interdependiente y, como posible resultado del alto el fuego, podría obtener el control total del estrecho de Ormuz. Las negociaciones también incluyen la posibilidad de levantar sanciones primarias y secundarias, así como reparaciones financieras y otras concesiones.

Si bien Irán parece tener mucho que ganar con las negociaciones, Estados Unidos no logró un verdadero cambio de régimen ni instaurar un liderazgo más afín. De hecho, el régimen iraní ha demostrado ser aún más resistente.

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